COVID tras la vacunación: qué riesgos hay, a quién afecta y cómo protegerse.


Pese a las altas tasas de vacunación en toda Europa, la llamada 6ª ola está llegando con fuerza a todo el continente, con un incremento en el nº de contagios incluso en países con las más altas tasas de vacunación, como España y Portugal.  Como ya confirman los datos, y podemos ver su recordatorio en numerosas noticias, esta ola está afectando sobre todo a los no vacunados (en España 6 de cada 10 personas ingresadas en la UCI son no vacunados), siendo la vacunación una muy buena herramienta de protección (10 veces menos riesgo de enfermedad severa si se está vacunado).

Además, la aparición de la nueva variante Omicron ha levantado todas las alertas. Esto nos hace preguntarnos ¿Es suficiente con la vacunación para sentirnos protegidos en todos los casos?

Un reciente estudio de septiembre realizado en King County (Washington) muestra que el riesgo de sufrir enfermedad grave y morir por COVID19 es dependiente de la edad tanto o más que la vacunación. Que los más mayores tenían más riesgo era algo conocido desde el inicio, pero que esta discriminación al menos iguale el factor de la vacunación es una información a tener en cuenta. De este modo, establecen que una persona vacunada de 80 años tiene el mismo riesgo de morir que una no vacunada de 50 años, y que una persona no vacunada de 30 años tiene menos riesgo que una persona vacunada de 45 años.

Esta información nos debería hacer poner el foco en la toma de medidas cuando hablamos de nuestros mayores.

Por otro lado, se sabe que los anticuerpos, usados como medida de nivel de protección, se reducen según pasan los meses, lo que ha llevado en muchos países a la implementación de las terceras dosis entre su población de riesgo. Lo cierto es que aunque se mantengan buenos niveles de protección frente a la enfermedad severa, el riesgo de infección aumenta a los 3 meses de la segunda dosis, lo que hace más necesario el establecer medidas de protección para cuidar de personas de riesgo como nuestros mayores, pues estar vacunados no impide que podamos contagiarnos y contagiar.

Por otro lado, no deberíamos perder de vista los efectos de la COVID persistente. El 80% de las personas infectadas sintomáticas, sufre uno o más de los síntomas de larga duración (Entre 14 y 110 días tras la infección) entre los que se encuentran: fatiga, dolor de cabeza, dificultad para concentrarse, caída del cabello, dificultad para respirar y perdida de olfato/gusto. Esto nos indica que pasar la enfermedad aunque sea de forma leve, tiene en una gran mayoría más consecuencias y complicaciones que un simple catarro.

Por último, no debemos olvidar que la aparición continua de nuevas variantes, puede acabar dando lugar a una resistente a las vacunas. Mark Dybul, inmunólogo y profesor de la universidad de Georgetown, ha predicho que, dados los datos mundiales de expansión de la COVID, para primavera de 2022 surgirá una variante totalmente resistente a las vacunas.

Además de que en sus anteriores predicciones sobre la pandemia haya estado acertado, la aparición de la nueva variante Omicron parece darle la razón.

Esta nueva variante aún en estudio ha saltado a los medios esta semana pasada, debido a su potencialidad para ser de alto riesgo. Es potencialmente 500% más contagiosa que el virus original, y se cree que puede tener al menos un escape parcial al efecto de las vacunas. Aunque no haya información firme todavía, ya ha llevado a la toma de medidas de restricción en muchos países, destacando Israel que ha sido el primero en cerrar sus fronteras.

Tanto los riesgos posibles que se dan con la llegada de nuevas variantes como los ya existentes, sobre todo para personas mayores, se pueden tratar de prevenir siguiendo las pautas básicas de mascarilla, distanciamiento social y aire limpio en interiores.

El aire limpio en interiores se puede lograr mediante la ventilación continua, equipos de desinfección de aire como Respirae, o el uso de ambas.

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Es 100 veces más eficaz que los filtros HEPA frente a virus y bacterias (incluidos el COVID19 y el virus de la gripe), con una efectividad certificada en laboratorio superior al 99,9999%.